Un paseo al atardecer en el bote del America’s Cup

r_helmEn una fresca noche de verano en Los Cabos aproveché para hacer un viaje único, un paseo al atardecer en el bote del America’s Cup (America’s Cup Sunset Sailing en inglés). Según me cuentan, en el mundo hay muy pocos destinos en donde se puede navegar en un barco de este tipo y Los Cabos es uno de ellos. Cabo Adventures tiene cuatro yates, el AUS29, el AUS31, el NZL81 y el NZL82. Definitivamente yo no podía dejar pasar esta oportunidad.

Les advierto que no es un crucero de súper lujo, estos barcos son más bien deportivos, y fueron diseñados para competir, pueden alcanzar velocidades de más de 10 nudos, unos 18,55 kilómetros por hora durante una carrera. Si son más calmados un paseo en velero o un booze cruise (o sea un crucero para ponerte borracho) son opciones que seguro les atraerán más, no se preocupen, hay un montón de opciones en la marina de Los Cabos.

Los expertos del barco, o sea nuestra tripulación, que eran de origen australiano, neozelandés y mexicano, nos explicaron qué podíamos esperar, dónde sentarnos y qué teníamos que hacer en caso de caer por la borda (¡y sobre todo como inflar el chaleco salvavidas por cualquier cosa!). Una vez listo, me quité los zapatos y subí a bordo.

El viento se sentía súper bien y mientras navegamos hacia el Océano Pacífico para ver la puesta de sol en el mar los de la tripulación nos servían cerveza y vino. La cosa se puso toastpadrísima cuando el barco se inclinó como en un ángulo de 45 grados y el agua nos empezó a salpicar en la cara. De repente el barco tuvo que cambiar el rumbo y tuvimos que irnos de estribor a babor (es decir de izquierda a derecha), para mantener el barco equilibrado. Como todos teníamos que ayudar, algunos de los turistas se turnaron para amarrar los aparejos. Yo, para evitar la fatiga durante mis vacaciones, mejor preferí agarrar el timón. Y hablando de experiencias únicas en la vida, de noche se puso todavía más intenso cuando la tripulación sacó la champaña para celebrar el cumpleaños de uno de mis amigos.

Cuando regresamos al puerto la gente del barco se puso a limpiar y nos fuimos a Cabo Dolphins por unos bocadillos y barra libre (dicen que las cosas regaladas saben más ricas). Ya en el bar todos nos juntamos con los del barco y nos tocó un mesero que no dejaba de hablar. Lo único malo es que no pude sacar fotos, porque para no salir volando del bote tienes que agarrarte del tubo (me refiero al tubo que usan de barandal). Afortunadamente, en el bote hay un fotógrafo que te puede enseñar y vender fotos ya que estés sano y salvo en tierra firme.