Comprar boletos de autobús a la gran capital: excelente idea

Comprar boletos de autobús, cuando piensas en viajar a la capital mexicana, es una excelente idea por dos razones: por los precios y por la gran cantidad de ciudades desde las que podrás llegar.

En esta ciudad todo se multiplica y todo es magnífico, tanto en cantidad como en calidad. Pero también se magnifica el no saber por dónde empezar. Siempre es posible quedar perplejos en medio de una cantidad de calles y edificios que nunca la imaginación hubiera podido soñar. Pero divide y vencerás.

Lo mejor, entonces, es viajar por la Ciudad de México tramo a tramo, poco a poco, hasta conocerla lo más posible y lograr obtener de ella toda la riqueza cultural, histórica y urbana que ofrece.

El Centro

El Centro Histórico es un conglomerado de edificios antiguos e históricos donde se guardan cientos de historias.

El Zócalo, lugar donde inició la historia colonial de la ciudad, es una plancha enorme de concreto donde día a día se vive el pulso político del país, pero para los viajeros también puede ser un punto de referencia ideal para comenzar a recorrer la metrópoli.

El Templo Mayor, justo a un lado del Zócalo y el Palacio Nacional, es un resguardo del mundo azteca, que se mantiene ahí entre cientos de edificios coloniales y otros tantos más creados a través de doscientos años del México independiente, como un recordatorio de que la ciudad, aún con su gran vida moderna, no deja de ser mestiza.

En las calles que rodean al Zócalo, existen otras muchas construcciones que resguardan museos que lo cuentan todo: arte prehispánico, virreinal, contemporáneo, historia y costumbres. Y a un lado de ellos hay teatros, salas de conciertos y, también, el barullo de la vida diaria, con sus tiendas y con la gente que las recorre para adquirir libros antiguos, ropa de moda o lo mejor que la piratería puede ofrecer. De eso se trata: de conocer el interior mismo del país, reflejado en las calles céntricas de la ciudad que siempre han ido dando guía a la historia de México.

Caminando por la calle Madero, desde el Zócalo, se llega al Palacio de Bellas Artes, un imponente edificio construido en la época porfiriana, el cual ofrece actividades culturales imperdibles en cualquier visita a la ciudad. Y después, se abre la ciudad: comienzan los enormes edificios modernos, las calles que nunca piensan en terminarse y los autos que hierven todo el día.

Hacia el más allá

Desde el observatorio-mirador del edificio Torre Mayor, se puede entender lo que significa la palabra inmenso. Desde ese punto, que está más allá de la contaminación y del ruido de la ciudad, se pueden apreciar las distintas zonas que conforman al Distrito Federal. Hacia el oriente de la torre, se ubica el Centro Histórico y, enmarcándolo, los enormes volcanes del Iztaccíhuatl y Popocatépetl. Hacia el poniente, el Bosque de Chapultepec, Polanco y la nueva zona de oficinas localizada en Santa Fe.

Si se va hacia el sur, la ciudad se pierde hasta topar con otra gran montaña conocida como el Ajusco. Y debajo, las calles llenas de agitación y vida, y de un terrible tráfico que sólo los chilangos son capaces de soportar. Una ciudad hecha para no entenderse, y no saber si se ama u odia, pero eso sí, se admira.

Viajando hacia el sur de la ciudad ,se pueden encontrar diversas zonas que enriquecen cualquier visita. San Ángel, un barrio de casonas y calles empedradas que regalan tranquilidad. Este barrio tradicional ofrece los sábados un mercado de artesanías y una galería abierta de obras de arte en plena plaza de San Jacinto. Coyoacán, otra colonia de viejas casonas, algunas de ellas de la época colonial, obsequia instantes de sabor a pueblo aderezado con la vida bohemia y hippie de sus habitantes.

Y un poco más al sur, se encuentra la Ciudad Universitaria, ideal para conocer la sede de la UNAM y su vida estudiantil, así como una serie de edificios que resguardan murales de grandes artistas, entre los que destaca el edificio de la Biblioteca Central y el mural creado por Eppens.

Por la tarde o la noche, vale la pena recorrer el arte nouveau de la colonia Condesa y su gran diversidad de restaurantes con lo último de la cocina internacional. Y rematar el día en algunos de los bares de esta colonia, rodeado de gente joven llegada de todas partes del mundo y del país, y quizás entablar charlas en las que se trate de definir a una ciudad tan variada, cosmopolita e imposiblemente gigante.