Deportes extremos: paracaidismo en Puerto Escondido

La práctica del paracaidismo en Puerto Escondido combina uno de los deportes extremos más emocionantes con los inolvidables paisajes de la costa de Oaxaca.

El paracaidismo y la instrucción indispensable

Existen varios clubes y escuelas de paracaidismo en México, y, sin duda, la instrucción es indispensable para ingresar al selecto grupo de quienes realizan este deporte extremo de excepción.

Con los avances de la tecnología en cuestiones referentes a los equipos y técnicas, hoy esta actividad se ha convertido en un deporte extremo seguro. En los cursos, que suelen durar de 10 a 16 horas (dependiendo de las escuelas), hay que pasar primero por materias teóricas muy puntuales que explican cuestiones importantes como el conocimiento y uso de los altímetros, de los equipos, procedimientos de emergencia, conocimientos generales sobre las aeronaves, y aterrizajes.

Después vienen los primeros ejercicios prácticos donde se realizan los primeros saltos, siempre en compañía de por lo menos dos instructores, uno que te acompaña durante el descenso hasta que se abre tu paracaídas y otro en tierra que, con el uso de un radio, te va dando con toda precisión las indicaciones para tu aterrizaje.

Por supuesto, es importante saber mantener un vuelo estable y saber caer. En todo momento hay que estar atento al altímetro para tener siempre conciencia de la altura a la que se está porque durante los vuelos se pierde a veces la perspectiva de qué tan lejos o cerca está la tierra.

Hay que completar un mínimo de vuelos “menores” para estar finalmente lo suficientemente preparados para los saltos de “grandes alturas”.

Los primeros vuelos

No hay sensación que se compare con saltar de un avión. Lugares como el Club Cuautla de paracaidismo organizan expediciones a las zonas costeras más atractivas del país y, por supuesto, Puerto Escondido es una de las más demandadas seguida de cerca por Vallarta, Playa del Carmen y Cabo San Lucas.

Desde el aeródromo de Cuautla inician los periplos aéreos con la emoción a “tope” desde el despegue. A partir de ese momento todo requiere de una revisión meticulosa: paracaídas, altímetros, googles e igualmente las cámaras de los cascos, que es con lo que dejaremos evidencia de nuestra experiencia.

Las sensaciones al límite

El rumbo es Puerto Escondido y el avión surca los cielos a casi 15,000 pies de altura con una docena de compañeros de aventura. Las postales de la Sierra de Guerrero y de Oaxaca son soberbias.

Más allá aparece majestuosa, entre las nubes, la laguna de Manialtepec, que es justo el anuncio de que el momento ha llegado y el salto es ahora impostergable.

Las primeras sensaciones entre la “cama” de nubes son el silencio absoluto, el “corazón en un puño”, la inmensidad, el viento en el rostro, y, más allá, la vista del azul del mar.

La caída es rápida, quizá dura un poco más de un minuto. Cuando finalmente se alcanzan a divisar las playas de Puerto Escondido, y un poco más allá Zicatela, el altímetro marca ya los 2,500 pies. Es el momento de abrir el paracaídas sin dilación.

Todos los compañeros de viaje estamos a la vista, algunos grupos más experimentados hacen figuras como la estrella o simplemente círculos tomados de la mano. A lo lejos, en la playa de Zicatela, nuestro instructor da las indicaciones precisas por la radio para nuestro descenso y señales puntuales para detectar el punto exacto del aterrizaje.

El viento disminuye conforme se llega a tierra y es más fácil ir tomando la dirección adecuada. Finalmente, después de estar inmerso en una especie de realidad “aparte” el mundo regresa. El sonido de la olas y el contacto con la arena de la playa son la entrada a la realidad  “real”.

Un pequeño festejo

Después de la aventura lo que se impone es un festejo para el intercambio de experiencias con el grupo que acompañó esta vivencia excepcional. Los bares y restaurantes de Zicatela son, sin duda, el mejor lugar.

Los surfistas, siempre presentes en este paraíso, hablan de olas y nosotros, los paracaidistas, de nubes y viento. Todos tomamos una piña colada bien helada y unos camarones frescos “para pelar”, y cada quien con su tema y su manera de ver la vida.

La experiencia de llegar a Puerto Escondido volando por los aires es extraordinaria. Regálate esta aventura sin igual, quizá después ya no quieras llegar por tierra. Como sea, Puerto Escondido es un paraíso ya sea que se llegue por tierra, por cielo o por mar. Consulta con tu agencia de viajes PriceTravel sobre los mejores hoteles para hospedarse en Puerto Escondido y vive este deporte extremo sin parangón, el recuerdo será indeleble. Muy buen viaje.