Reserva Natural de Celestún

La Reserva Natural de Celestún, en la península de Yucatán, es una de las mayores áreas de manglares en el Golfo de México. Se encuentra a 91 kilómetros de la ciudad de Mérida y la mejor manera de llegar es alquilar un auto en el aeropuerto internacional y dirigirte hacia el sur, en dirección a Umán, luego tomar la ruta a Kinchil y después Celestún. Otra opción es tomar un autobús en la terminal de Mérida, el cual sale cada hora a partir de las seis de la mañana y hasta las ocho de la noche. En auto, te llevará una hora y media, y en autobús aproximadamente dos horas.

La Reserva está considerada cuna del ecoturismo en México. Fue declarada Refugio Faunístico y Área Protegida en 1979 y es el destino ideal de quienes prefieren el verde a las multitudes.

La Reserva Natural de Celestún es el hogar de 18.000 flamencos rosados.

La Reserva Natural de Celestún es el hogar de 18.000 flamencos rosados.

El único pueblo de pescadores es Celestún. Aquí, de poco más de 7000 habitantes, la mayoría se dedica a la pesca costera de pulpos, cangrejos y mariscos. Hay un pintoresco faro de 12 metros y, a pocos kilómetros de él, se inicia la Reserva de la Biosfera Ría, una gran reserva de humedales costeros y refugio de vida silvestre. Poco más allá, cerca de la frontera con Campeche, empieza el atractivo principal de la región, la Reserva de la Biosfera Celestún, de 590 kilómetros cuadrados. Te encontrarás con un gran manto de vegetación no muy alto, lagunas, salinas y cenotes, hogar de una gran variedad de especies animales.

El ecosistema de la Reserva es una ría, esto es, agua de mar que ingresa en el territorio y se mezcla con agua dulce, creando un hábitat ideal para los maglares, que crecen en aguas salobres, y para los flamencos y otras 300 especies de aves como pelícanos, garzas, correcaminos, buitres, pájaros carpinteros, colibríes y garcetas. La mejor manera de apreciar este ecosistema es contratar una excursión en barco que navega a lo largo de la Ría Celestún. El paseo dura varias horas y podrás ver la gran colonia de flamencos rosados que llega a los 18.000 ejemplares y pintan el cielo de rosa cuando levantan vuelo en masa. Los flamencos llegan para pasar el invierno. Además podrás nadar en manantiales de agua dulce y visitar un bosque petrificado.

Los intrépidos pueden optar por alquilar un kayak y navegar por los estrechos canales a donde no llegan las embarcaciones colectivas. Podrán internarse en los manglares y explorar algunas de las zonas más remotas de la reserva.

Los paseos en barco también pueden hacerse por la noche, cuando podrás admirar algunos animales que son difíciles de ver durante el día, como el gran Bubo (un búho de gran porte), cocodrilos y más seres amantes de la noche.

Otro atractivo son sus extensas playas con cocoteros, que invitan al baño y a la pesca. Puedes almorzar en alguno de los restaurantes frente al mar que se especializa, claro, en pescados y mariscos, o puedes llevar lo que hayas pescado y pedirles que te lo preparen.