Ecoturismo y turismo rural en el lago Titicaca

Prepárate para vivir unas vacaciones de altura realizando ecoturismo y turismo rural en el lago Titicaca.

El lago es inmenso. El tamaño se entiende cuando se ven los Andes a lo lejos, pequeños. La altura del lago es otro tema: 3860 metros sobre el nivel del mar. A esa altura, cuando caminas, simplemente no entra aire a los pulmones, por más esfuerzos y técnicas a las que recurras. Y la historia y la vida diaria están ahí, para palparse en cada persona que uno encuentra y en cada rincón. Se trata del lago Titicaca, el lago de los pumas de piedra.

La Isla del Sol

Un buen sitio para comenzar el viaje por las aguas y las islas del Titicaca es partiendo de la ciudad de Copacabana, en Bolivia. Para llegar a ella puedes hacerlo por tierra –en un trayecto de casi tres horas- desde Puno, una ciudad peruana que tiene vuelos aéreos a Lima, la capital de Perú. La carretera a Copacabana sólo conoce los baches y las llamas, y muchos paisajes de un altiplano que comienza a desaparecer, para dar paso a los Andes.

Ya en Copacabana, lo primero que podrás hacer es observar cómo un cura baña decenas de autos semana a semana justo frente a la iglesia principal del poblado. Es gente que viene de toda Bolivia para tener asegurado su coche mas allá de lo que una simple compañía de seguros puede ofrecer. Después, tendrás que caminar hacía el puerto, en plenas aguas del Titicaca, para abordar alguna embarcación que lleve a la Isla del Sol, a la que se llega normalmente en dos horas de camino, si el motor de la embarcación funciona correctamente. Cuando no lo hace, es posible tener vistas espectaculares de los Andes nevados acompañadas con una cierta angustia de no ser salvado de las frías aguas del lago, mientras el capitán del bote habla por un celular moderno a tierra firme.

La recepción en la parte sur de la isla es para campeones. Subirás una escalinata Inca hasta el poblado de Yumani. No cuentes los escalones, son los suficientes como para que pierdas el aire por lo menos tres veces. Aunque, en el camino, se venden artesanías y se puede ver el paso de llamas y alpacas, cosa que disipa la asfixia de los 3800 metros de altura, por lo menos, al tratar de diferenciar cual es una y cual otra. Algunos nunca podemos. Además, podrás tomar agua de la Fuente del Inca, que brinda, además de un merecido trago de agua, eterna juventud. En Yumani hay pequeños hoteles con todas las comodidades incluidas: vistas al lago y Andes en la habitación, así como té de coca incluido en los alimentos. Para poder sobrevivir, habrá que dejar prejuicios y tomar el té, o por lo menos, masticar la hoja. Esto te permite tener algo de energía a casi cuatro mil metros de altura, y sobre todo, si se camina por toda la isla hasta la parte norte, donde se pueden visitar ruinas Incas en un sitio conocido como Challapampa. Aunque también se puede ir en lancha, cómodo y rápido y ahorrarse cuatro horas de camino, pero también unos fantásticos paisajes.

Islas peruanas

El Titicaca peruano se conoce desde Puno, por lo que se tomará el camino de vuelta, incluido el paso fronterizo que prohíbe el paso con coches, cosa que provoca que todo turista tenga que caminar con maletas en mano entre un país y otro. Puno es una ciudad poco atractiva, por lo que lo mejor es embarcarse lo más pronto posible y recorrer nuevamente las aguas del Titicaca, ahora peruanas, así como dos islas firmes y unas más, flotantes.

Las flotantes pertenecen a los Uros. Están fabricadas con juncos de totora, una planta que crece ahí mismo y que les ha permitido por mucho tiempo crear sus propias tierras flotantes, sus casas y hasta sus embarcaciones. Normalmente, todos los viajes que se ofrecen en Puno incluyen una visita aquí, así que seguro podrás caminar por esta tierra de totora convertida en estructuras de ingeniero y convivir con sus habitantes. Todos siempre están dispuestos a explicar las técnicas de fabricación de su infraestructura de vida a base de la totora, aunque al final habrá que comprarles alguna artesanía que ellos han traído de algún mercado de Puno. Aquí el idioma dejará de ser el español. Aunque, si no hablas aimara, no te preocupes, ellos son bilingües.

El camino deja el mundo de la totora y de los Uros, y vía paisajes de agua infinita llega hasta Amantaní. Lo mejor es llegar al atardecer a los templos de la Pachamama y el Pachatata (Madre y Padre Tierra respectivamente) en lo más alto de la isla. La subida de 500 escalones acaba con cualquiera, así que no creas que tienes mala condición física, son cosas de la altura. Después, a compartir la vida con los habitantes de esta isla. No hay hoteles ni embarcación de vuelta a Puno hasta el día siguiente. El alojamiento es en las mismas casas donde se habla quechua y donde aprenderás a comer, sentir el clima y el ritmo de la vida, tal y como el Titicaca les ha enseñado desde siempre. La variedad de papas es el primer plato fuerte –de hecho, es casi lo único que comerás-, después el baile tradicional, con todos los turistas ataviados como cualquier quechua lo haría y al día siguiente caminatas por la isla, o jugar fútbol con los mismos habitantes. Lo juegan mal, pero la falta de aire les da varios goles de ventaja.

La ruta después lleva a Taquile, la tercera y última isla de la ruta. Nuevamente, habrá que enfrentarse con el mal de altura si se es reacio a masticar la hoja de coca, pero llegar hasta arriba de la isla, al poblado, permite conocer uno de los sitios donde se desarrollo la cultura del Tiahuanaco (1000-12000 d.C.). Y de paso, podrás encontrarte con un sitio donde los hombres se casan jóvenes. Empiezan a los doce años, y a los 18 un soltero ya es, más bien, un solterón. Por medio de sus chullos o gorros, se puede saber su estado civil. Rojo es un casado. Blanco y rojo, aún tiene pendiente el tema.

Después de regreso a Puno. En un viaje que se pasea por las infinitas y altísimas aguas del lago más Inca que existe, donde antes no había agua. Era un sitio donde no existía la muerte ni el odio, ya que los Apus cuidaban a los humanos. Solo había una prohibición: no subir a las cimas de las montañas, donde ardía el Fuego Sagrado. Sin embargo, el humano intentó subir y los apus enviaron a miles de pumas para que acabaran con los hombres. Inti, el Dios del Sol, se puso a llorar tras esta escena durante cuarenta días y cuarenta noches. Una pareja, sobre una barca de juncos logró salvarse de aquel diluvio de lágrimas y ver que aquel valle era ahora un lago. Los pumas se convirtieron en estatuas de piedra y llamaron al lago Titicaca, que significa el lago de los pumas de piedra.

 

Notas de viaje.

  • En Perú y en Bolivia se utilizan diferentes monedas. Conviene cambiar la moneda antes de llegar a cada país. Comparadas al peso mexicano, el cambio es bastante conveniente, además de que es una zona realmente barata para viajar.
  • En el cambio de frontera no se puede pasar con coche. Considera esto para evitar llegar con un auto alquilado.
  • Viaja con maletas cómodas. En el cambio de frontera necesitarás llevar maletas fáciles de transportar, ya que tendrás que caminar 100 metros para cambiar de país. Además, cuando llegas a cada una de las islas, las subidas combinadas con la altura no permiten llevar mucho equipaje.
  • La mejor manera de contrarrestar el mal de altura es tomando té de la hoja de coca, o bien, masticar la hoja. En Puno, incluso venden dulces de coca que algunas veces ayudan a sentirse mejor.
  • Usa siempre bloqueador solar.
  • Para comer, tendrás que ser muy adaptable en tus gustos. Sobre todo en las islas, te ofrecerán comida de la región cocinada de la forma tradicional. Sólo en Puno podrá encontrar restaurantes. Curiosamente, las pizzas de Puno son famosas.

Eventos.

En agosto se celebra, en Copacabana, la Fiesta de la Virgen de Copacabana y, en septiembre. la Fiesta de la exaltación de la Cruz.