Turismo de aventura y ecoturismo en Quebec

La Route Verte ofrece 4000 kilómetros, por lo que se considera uno de los mejores lugares para hacer turismo de aventura y ecoturismo en Quebec. Eso sí, si es pedaleando, ¡mejor!

 

En lo que fueran antiguos caminos de ferrocarriles, se han adaptado rutas para bicicletas que permiten entrar de lleno a la belleza natural de Canadá. En Quebec existen varias de ellas al alcance de cualquiera, aunque eso sí, el costo del viaje se paga con cada pedaleo.

Antes pasaban por aquí trenes cargados de gente y de mercancías. El paisaje se veía desde a bordo, con el ritmo constante del tren recorriendo cientos de kilómetros de vías. Los detalles del paisaje y la vivencia cercana con el entorno se quedaban para un viaje futuro. Había que llegar pronto al destino. Pero en algún momento, estos caminos ferroviarios comenzaron a ser obsoletos para la economía de la región, y dejaron de existir. En 1995, se unieron al proyecto de los caminos verdes –la Route Verte-, rutas para cross-country, en invierno, y para bicicletas, cuando el clima deja de traer frío. De esta manera, Quebec ha conformado una extensa red de caminos –más de 4000 kms.-, que varían desde su dificultad, su entorno y la longitud.

El primer momento

Cereales, jugos, frutas, yogures… todo ese desayuno sano abunda en los hoteles que se encuentran en las rutas de los ciclistas. No hay espacio para alimentos nada nutritivos, ¡por más lo supliques! Y si buscas un buen pan dulce, seguramente serás cuestionado sobre cómo piensas recorrer los kilómetros que la jornada trae consigo. Pero vale pedirlo, por lo menos, para endulzar la motivación.

Las maletas van en camioneta. Dicen que eso aligera la carga y ameniza aún mas la experiencia. Tu maleta ira sentadita en la camioneta y te esperará en cada hotel al que vayas llegando. Aquí, uno quisiera invertir los papeles y ser el que fuera viendo el trayecto desde la ventanilla de la camioneta. Pero como no se puede, habrá que dejar ir a la maleta sin uno y enfrentarse, con desayuno sano, bicicleta y mapas, a lo que viene adelante. El trayecto vale el esfuerzo.

Lo siguiente es revisar bien la bicicleta. Acomodar la silla pensando en que sustituirá el cómodo sillón de la TV por tres días y revisar bien llantas y cadena. Aunque existen empresas donde se pueden alquilar las bicis y que y habrán realizado este acomodo. Por cierto, conviene contratarlas y quitarse la idea de llevar la bicicleta desde casa. Todo el equipo que rentan es de muy buena calidad y no habrá que pagar exceso de equipaje en el vuelo.

De la gran variedad de rutas que hay en Quebec, Le Petit Train du Nord es una muy buena elección. No tiene cuestas pronunciadas y se recorre una de las regiones mas interesantes de Quebec, Laurentides, donde se encuentra el Parque National Mont Tremblant, además de exquisitos poblados y restaurantes de gran calidad. La odisea comienza a 200 kilómetros de la ciudad de Montreal, en un camino que, en coche, puede durar dos horas. En bicicleta, tres jornadas con un poco más de 60 kilómetros diarios. Pero mejor no hacer cuentas.

Con el casco bien puesto, ahora hay que tomar el camino; hacer ese gesto de alguien que sabe lo que hace y a pedalear. Pronto notarás que la carretera tiene siempre el mismo ancho y que nunca se deja alcanzar. Y conforme uno avanza por él, tiende a alargarse. Así que lo mejor es no voltear para adelante. Lo mas recomendable es observar a los costados. Normalmente, de un lado, habrá todos esos bosques de postal canadiense, con bosques de pinos y de maple –la clásica hoja de la bandera canadiense- y, por el otro, la vida rural, con todo y granjas recién pintadas y escenas de cuento. De tiempo en tiempo, hay ciclistas que vienen en sentido inverso, por lo que conviene dejar por momentos dejar de ver la postal y concentrarse en los demás.

Jornada a jornada

Los días comienzan con el desayuno sano obligado y con dolores musculares en sitios insospechados. Y conforme se acumulan las jornadas de pedaleo, aparecen más músculos adoloridos. En la mochila, de preferencia, en aquéllas que van en la parte posterior de la bicicleta, hay que llevar suficiente agua, algo de alimentos que den energía, y ropa variada. En un día puede haber una temperatura de más de treinta grados y después, una lluvia intensa. Más vale ir preparado.

No hay un ritmo obligado. Es un viaje para disfrutarlo, así que los kilómetros seleccionados en la aventura se pueden recorrer en el tiempo que uno lo establezca. Hay quienes van en una carrera contra reloj y el cronómetro es su equipaje más valioso. Otros, lo toman con la idea de cruzarse con el mayor número de atractivos naturales y dedicarle sendos ratos de diversión. Si te considera de los últimos, lleva traje de baño, ya que, en el trayecto de Le Petit Train du Nord, hay varios lagos y muchos ríos, algunos de ellos aptos para hacer descenso de ríos. Y es posible, en algunos tramos, organizarse con las agencias de viaje de la zona, para alternar bote y bicicleta. La oficina de turismo de Laurentides puede ayudar en esto a la perfección, organizando la conexión de distintos hoteles y agencias de servicios turísticos, de acuerdo a los gustos de cada quién. Eso sí, cruzarse con un venado, o verlo mientras desayunas en tu hotel, o justo afuera de tu tienda de campaña, no tiene nada que ver con el ritmo de pedaleo o con contratar agencias de viajes. Ellos aparecerán seguramente, pues son parte de la postal.

Y también en esta ruta de Laurentides, a lo largo de los 200 kilómetros, hay  lo que fueran las estaciones de trenes. Son pequeñas construcciones antiguas donde ya no hay un reloj para revisar bajo el estrés de la llegada o salida del tren, o la problemática de entender sendos horarios plagados de rutas y destinos. El reloj hoy sólo funciona como un elemento de decoración, y las listas sólo aparecen en los menús de los cafés y restaurantes que hay en estas estaciones. Son pequeñas islas de hedonismo para alejarse un poco de la bicicleta y recordar que uno es un humano que normalmente vive a ras de suelo. También hay tiendas de recuerdos o salas de exposiciones. Así que los bolsillos y la cultura también tienen participación.

Además de los paisajes normales de la postal de Québec, hay detalles originales. Algunas casas localizadas en pleno bosque arreglan sus jardines con bastante arte, o también, si se tiene cuidado en ir observando los detalles, existen árboles intervenidos artísticamente. Se les han agregado orejas. Una forma de ver esta propuesta es recordar que son seres vivos y no merecen ser talados.

Casi el fin

Conforme uno va acercándose a la ciudad de Montreal, se percibe el aroma a gran ciudad. Los bosques comienzan a ceder espacio a las autopistas y aumenta el número de ciclistas que toman una pequeña ruta de un día desde la ciudad. Y el camino también ayuda. Todo se torna en bajada y la bicicleta comienza a circular casi sola. Justo cuando tu cuerpo ya se sentía capaz de pedalear de forma decente, con un ritmo de profesional, o por lo menos, de disimular las horas que uno no dedica al ejercicio.

Y una vez que devuelvas la bicicleta y camines por las calles de Montreal, con ese caminado obvio de ciclista, viendo el ajetreo de las ciudades modernas –aún y con la belleza de esta ciudad-, solo sentirás ganas de volver a sufrir en la Route Verte.