Hoteles pequeños con encanto, la mejor entrada a Europa

Hospedarte en los hoteles pequeños con encanto que ofrece Europa es una buena opción para conocer sus pequeños tesoros escondidos: los pueblos más hermosos del viejo continente.

La primera idea cuando se piensa en viajar al otro lado del Atlántico tiene que ver con grandes ciudades como Londres o París, o algunas de mediano tamaño como Barcelona o Venecia. Pero existen pequeños pueblos donde la esencia de la cultura se respira paso a paso. Tal vez sería buena idea que tomaras en cuenta las recomendaciones que te daremos y de ser posible, que completes tus vacaciones eligiendo pequeños hoteles, aquellos que no necesariamente tienen que pertenecer a grandes cadenas, sino más bien, tienen que estar dotados de grandes dosis de originalidad.

Tellaro, Italia. Lord Byron y DH Lawrence utilizaron este pequeño pueblo de la costa de Liguria para inspirarse en su trabajo. Gracias a una carretera de complicado acceso, Tellaro ha logrado preservar su alma: el turismo masivo no es muy apto de caminos complicados. Pero si eres de aquellos que busca rincones llenos de esencia, entonces este pequeño trozo de cielo mediterráneo es una buena idea para que lo tomes en cuenta.

Bibury, Inglaterra. Las antiguas casas de piedra compiten con la belleza de los verdes prados que inundan el paisaje de la región montañosa de Cotswold, designado como una zona de excepcional belleza natural. El sitio donde tu cámara no descansara será en la serie de cabañas de tonos sepia construidos en el siglo XVII, a las que se les conoce como la Fila de Arlington.

Folegandros, Grecia. Todos los ojos se asoman a Santorini; el turismo tiene a dedicar su viaje a ese importante foco de turismo y desaprovecha la isla de Folendrados. Es el lugar ideal para vivir una postal griega mediterránea entre una arquitectura blanca y playas semivacías con vistas al color esmeralda de sus mares.

Reine, Noruega. Es un pueblo apto para quienes buscan climas alejados del calor. Se encuentra al norte del Círculo Polar Ártico, en pleno archipiélago de Lofoten. Las bahías y fiordos, así como las cabañas de pescadores de intensos colores rojos son argumento suficiente para que prepares tus maletas. Además, en invierno tendrás las luces del norte y en verano muchas horas de luz.

Albarracín, España. No podía faltar algún pueblo de este país. La lista de aquellos con su esencia casi intacta es muy larga, por lo que es difícil elegir alguno. Sin embargo Albarracín, localizado en la zona centro de Aragón, mantiene dentro de sus murallas un especial ambiente medieval en cada uno de sus rincones que lo convierten en el elegido. La catedral, de estilo mudéjar te hará recordar que este territorio también fue árabe.

Gruyères, Suiza. Los fondues suizos no podrían ser tan famosos si no tuvieran dentro de sus ingredientes el sabor de nuez de los quesos producidos en este pueblo. Pero más allá de hablar del conocido Gruyere, este pequeño pueblo suizo es ideal para que respires tiempos medievales caminando por sus antiguas calles y visitando el castillo, perfecto para envolverte de una arquitectura cargada con muchos años al mismo tiempo de ser una ventana única para observar Los Alpes.

Óbidos, Portugal. Seguramente quedarás cautivado cuando camines por las estrechas calles de este pueblo de orígenes también medievales. Las fortificaciones y el pequeño laberinto de casas y flores se pueden conocer realizando uno de aquellos paseos a pie que nunca olvidaras. Y si, aquí es donde podrás disfrutar ginjinha, ese licor tan portugués.

Cochem, Alemania. Un lugar perfecto para caminar por la orilla del río Mosela y tener estupendas vistas de un pueblo tradicional alemán, donde no faltaran aquellas casas de madera y un castillo localizado en lo alto de la ciudad. Para los amantes del vino es un destino inmejorable, ya que Cochem se encuentra en la zona de viñedos del valle de Mosela.