Qué hacer en Tepoztlán en un fin de semana

Si quieres salir de la rutina y disfrutar de un lugar pintoresco, entonces descubre qué hacer en Tepoztlán, considerado como uno de los lugares más atractivos del estado de Morelos. Tepoz, como popularmente se le conoce, está a tan sólo 1 hora y media de la Ciudad de México viajando en automóvil. Aprovecha un fin de semana y visita el Pueblo Mágico de Tepoztlán, un lugar lleno de historia y tradición.

Saliendo de la CDMX, toma la carretera rumbo a Cuernavaca, te sugiero que  programes tu salida lo más temprano para aprovechar al máximo el día.  Para empezar bien tu viaje qué tal hacer una parada en el famoso mercado de alimentos de Tres Marías, en donde hay diferentes opciones de antojitos mexicanos a precios muy accesibles.

Tepoztlán, cuyo nombre significa “lugar del hacha de cobre”, es un lugar de tradición que seduce con sus múltiples encantos. La primera visita obligada fue el cerro del Tepozteco en donde se tiene un maravilloso encuentro con la naturaleza. La experiencia empieza en la avenida del Tepozteco, una calle estrecha y empedrada llena de tiendas de artesanías y puestos de comida con uno que otro platillo típico, por ejemplo los camarones embarazados o los itacates (una especie de gorditas en forma triangular hechas a base de maíz que se rellenan con diferentes guisos).

Llegar a la cima es toda una aventura. Se accede a ella ascendiendo por un sendero ecológico bastante inclinado. El trayecto se hace  en aproximadamente 45 minutos a buen paso y sin detenerse, pero para los que no tienen tan buena condición se hace en 1 hora y 30 minutos; sin duda lo mejor es tomar algunos descansos y disfrutar el paisaje. Lo más recomendable es usar tenis, llevar una botella de agua, tu cámara, una gorra y sobre todo mucha actitud. En la cumbre, además de tener una vista increíble, puedes ver la pirámide del Tepozteco, un adoratorio prehispánico que fue construido entre 1115 y 1350 d.C.

Después del descenso del cerro, amerita revitalizarse con una rica comida y el mejor lugar para hacerlo es Los Colorines, uno de los mejores restaurantes en Tepoztlán con más de 30 años de buen sazón, cuyas especialidades son la sopa de hongos, la cecina de Yecapixtla y las tortitas de flor de colorín. Por supuesto que todo manjar merece un buen postre y sin duda las famosas nieves son la mejor opción; uno de los lugares más recomendables por sus múltiples sabores para escoger es Tepoznieves. Por cierto, justo afuera de este lugar está la parada del camión turístico para que tomes un paseo por los alrededores de la ciudad. El recorrido dura aproximadamente 1 hora y su costo es de $60.00 MXN.

Si aún quieres conocer más, recorre el mercado de artesanías que se ubica cerca del zócalo, en el centro del pueblo. Es un inmenso corredor a lo largo de la calle con una infinidad de puestos de joyería, comida y souvenirs de la ciudad que van desde el pequeño llaverito hasta una blusa bordada a mano.

Muy cerca de este tianguis está el Ex Convento de la Natividad que fue construido por indígenas zapotecos en honor a la Virgen de la Natividad. En 1944, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. El arco de la entrada es algo muy peculiar debido a que está hecho a base de frijoles. En este lugar también se encuentran la Parroquia de la Natividad y el Museo y Centro de Documentación Histórica de Tepoztlán.

Finalmente, visita el Museo Carlos Pellicer que está ubicado a espaldas del ex convento. Este recinto cultural fue inaugurado el 24 de julio de 1965 por el ex presidente de México, Adolfo López Mateos. El museo alberga la colección arqueológica que fue donada por el poeta tabasqueño.

 

Así que si te preguntabas ¿qué hacer en Tepoztlán? te puedo decir que hay muchas opciones tanto gastronómicas como culturales. Espero que algún día tengas la oportunidad de visitarlo, comer un delicioso itacate, hospedarte en alguno de sus hoteles con temazcal y dejarte consentir con un masaje.  ¿Tú ya conoces este Pueblo Mágico? ¿Probaste las famosas nieves? o mejor aún, ¿lograste subir al Tepozteco?

*Fotos: © 2018 Todos los derechos reservados por Brenda Domínguez