Turismo más allá de las playas del Puerto de Veracruz

Conoce esta ciudad más allá de las playas del Puerto de Veracruz para poder encontrar en cada paso un mundo de historia, gente con grandes sonrisas y mucho sabor.

Es temprano. El sol apenas emerge por las aguas del Golfo, pero el café donde desayuno está abarrotado de los comensales. Supongo que todos ellos vienen cada día aquí. Sus sonrisas de colegas mientras hablan de política, la manera en que piden su café y la forma en que saben disfrutar sus panes de dulce con frijoles, los delatan a todos. Yo también soy fiel a las tradiciones. Todos los que visitan el Puerto de Veracruz tienen que venir aquí, y eso hago: tomar café en La Parroquia, con su intensa vida en el interior y con su vista al exterior, donde se asoman los enormes barcos con banderas de cualquier sitio del mundo y con el malecón habitado siempre con la vida veracruzana.

Para conocer esta ciudad no te hacen falta guías de viajes, de ésas que dicen en qué esquina doblar, qué ver y qué pensar. Para viajar por este viejo puerto simplemente tienes que dejarte llevar por el ritmo del veracruzano. El tiempo es uno de sus elementos, ya que la ciudad cuenta con edificios llenos de años y de historias, como San Juan de Ulúa, un sitio que ha sido muelle, fortaleza, prisión y hasta palacio presidencial, actualmente rodeado de toda la actividad del puerto, entre barcos que descargan enormes cargamentos y grúas que los rellenan de autos listos para exportarse. El Baluarte de Santiago es otro edificio plagado de tiempo. Esta construcción fue parte de un sistema de baluartes que amurallaban toda la ciudad, la cuál existio hasta el año de 1880, cuando comenzó la destrucción de la misma, por el gran crecimiento de la ciudad. El centro del Puerto de Veracruz es otro buen lugar para visitar el tiempo ya que ahí se encuentra la Catedral de Veracruz, del siglo XVII, el Palacio de Ayuntamiento, del siglo XVIII y, rodeando la plaza, algunos otros edificios ya del siglo XX, donde Agustín Lara compuso algunas de sus canciones. Si tienes ganas de adentrarte al mundo de este músico se puede visitar el Museo de Agustín Lara, construido en la misma casa que él habitó.

Más cerca en el tiempo, podrás conocer construcciones de comienzos del siglo XX, momento en que la ciudad tuvo un gran impulso y se llevaron a cabo edificios relacionados con las comunicaciones marítimas y terrestres. Muy cerca del café donde obtuve mi desayuno y un buen baño de vida política del puerto, se encuentran los edificios de la Aduana, el de Correos y Telégrafos, así que sirvió para digerir todo: desayuno y pláticas.

El sabor es otro elemento del puerto, y no precisamente el de los mariscos, pescados y guisos veracruzanos, los cuáles tienes que probar, sino el de su vida diaria. El malecón y Los Portales son los ideales para eso. En el primero se pueden dar largas caminatas rodeado siempre de personas que no van a ningún lado, sólo se dan el lujo de pasear diariamente con sus familias, entre más familias y entre los enormes barcos del puerto, en plena actividad. El malecón recorre prácticamente toda la ciudad, desde el centro hacía el sur ,y es donde cada año se lleva a cabo el carnaval. También en él se puede hacer un recorrido por la historia del puerto, desde el centro de la ciudad con sus viejos edificios, pasando por el Faro Venustiano Carranza o el edificio de PEMEX del arquitecto Lazo, hasta construcciones de ultima moda como el Centro Internacional de Negocios o el acuario, un perfecto lugar para conocer en un sitio muy bello toda la vida que habita en las aguas del Golfo de México.

El otro punto con toda la vida veracruzana se desarrolla en Los Portales, una serie de restaurantes localizados en la plaza principal del puerto. Ahí, el día puede terminar como comenzó. Disfruta una cerveza en plena noche, rodeado de cientos de mesas habitadas por personas que platican cada vez más fuerte, tratando de ganarle el volumen a los músicos de todos los estilos, que tocan cada vez con más volumen con tal de agradar y ganarle clientes a sus competidores colegas. Los mariscos y la cerveza se acompañan así: de música jarocha, norteña y cantantes a capela, con el fondo del sabroso danzón bailado por los veracruzanos de todas las edades, y por alguno que otro visitante al que no le sale bien el paso, pero eso no importa aquí. En Veracruz, la cuestión es pasarla bien.