Playas del Pacífico mexicano: Troncones

Troncones es un oasis, un refugio para alejarte de los tiempos modernos. Sin duda, es una de las mejores playas del Pacífico mexicano.

 

En la sombra más fresca de tu hotel, se encuentra un cómodo sillón, colocado justo en frente de la mejor vista del Pacífico que puedas tener. Aquí, sentado, acostado o simplemente estando en medio del mejor ocio de descanso que se pueda imaginar, decides cada día la agenda de viaje: pasarte del sillón a la hamaca, darte una refrescante travesía por la alberca o caminar por la playa hasta la tierra del Burro Borracho, el sitio clásico de Troncones para comer, conocer gente y seguir haciendo nada, salvo perseguir la pelotita del ping pong cada vez que se escapa a la parte más caliente de la arena.

Hasta hace no mucho tiempo, Troncones era sólo un pequeño pueblo de pescadores, dedicado a trabajar con el mar y vender sus productos en los poblados más cercanos. Sólo sabían del turismo por la fuerte luz que emana Ixtapa, a 35 kilómetros, la cuál ilumina el tranquilo cielo nocturno del poblado, y por algún turista perdido que buscaba algo más que discotecas y tiendas para vacacionistas, quien terminaba en las playas de Troncones hablando mal de esos desarrollos turísticos enormes, mientras encontraba algún pretexto para nunca más tener que irse de ahí. Al paso del tiempo, canadienses y americanos, quizás esos mismos que llegaron como turistas escapistas, comenzaron a construir sus casas hasta llegar al Troncones de hoy: un rincón del paraíso que vive entre la naturaleza guerrerense, los pescadores y el comienzo de una vida turística rústica, lista para convivir con el entorno lo más cerca posible.

Las olas, además de contemplarse desde la sombra de cualquier palapa, son ideales para el surf. Incluso, muchos adictos a este deporte viajan desde sitios lejanos, sólo para disfrutar las olas de este paraíso. Recientemente, además de poder rentar casas o bungalows para hospedarse, también se puede llegar a hoteles de surfistas. Pero si lo tuyo no es domar olas, puedes adentrarte a los cerros de la región, y subir hasta lo alto de uno de ellos para llegar a una enorme caverna, en la que se hace una pausa para recuperar el aire, ver las enormes estalactitas y estalagmitas del interior de la misma y prepararse para bajar el cerro en un largo canopy, de más de setenta metros de longitud, pasando por arriba de la copa de los árboles y con la mirada dividida entre la formidable vista y el tronco, donde a uno no le gustaría arribar sin poner las manos antes.

De la agenda diaria, lo mejor es la noche, cuando el sol se va con todo y su fuerte calor, y se camina por la única calle del pueblo, de terracería obviamente, en busca de la tiendita que lo vende todo, en especial, lo necesario para preparar una cena en la parte más alta de tu hotel, con techo de palma y sobre él, otro techo más, de miles de estrellas.

Información útil.

  • Para llegar a Troncones hay que llegar primero a Ixtapa-Zihuatanejo, en las costas del estado de Guerrero y desde ahí recorrer 35 kilómetros de carretera hacia el norte, hasta llegar a la desviación que lleva directamente al poblado.