Las playas de Acapulco: historias y presencias

Un puerto mítico y famoso es Acapulco. Las playas de Acapulco han sido escenario de historias y presencias legendarias. Cuando recorras los imponentes acantilados y seductoras playas de Acapulco, podrás ir recogiendo historias y recuerdos que son testimonio de como esta tierra generosa fue siempre un punto por demás luminoso en la enorme geografía mexicana.

En el Fuerte de San Diego, en la zona del viejo puerto, podrás encontrar las huellas de las Naos de China que, desde finales del siglo XVII, venidas de Filipinas, traían mercancías orientales que después llegarían hasta la Ciudad de México y a todas las ciudades importantes de la Nueva España.

Estas embarcaciones españolas también comerciaban en esta época con esclavos venidos de África, que también llegaban a otros puertos en nuestro territorio como San Blas en Nayarit, o el Puerto de Veracruz. Ya en el siglo XVIII, el gran Yanga -un eslavo liberado- encabezó las rebeliones de esclavos en territorios veracruzanos. Al paso de los años, estos se fueron dispersando, ya en libertad, por distintos territorios de la geografía nacional. Muchos se establecieron en lo que es hoy Acapulco y la Costa Chica, uniéndose de este modo con sus hermanos llegados en las naos a la Costa de Guerrero. Es decir, el libertador Yanga es, por supuesto, un prominente personaje de recuerdo perenne en la región, y el Fuerte de San Diego guarda rumores de algunas de sus hazañas.

Y si de personalidades hablamos, qué decir de Johnny Weissmüller, el gran nadador ganador de 5 medallas de oro en Juegos Olímpicos en los años veintes del siglo pasado. Él fue nada más y nada menos que el legendario Tarzán de los monos, y en más de 12 películas encarnó al más famoso de los Tarzanes de los que se tenga memoria, escogiendo Acapulco como su lugar de residencia desde mediados del siglo pasado. Claro que esto tuvo que ver con que Acapulco fue el escenario de todas sus películas. En lo que hoy es el Hotel Flamingos, con sus portentosas vistas de acantilados, está la que fue su casa redonda, donde vivió hasta su muerte en 1984. Está enterrado en el cementerio del Valle de la Luz, en el puerto. Las terrazas del Flamingos, con sus jueves pozoleros, sus aperitivos al atardecer, las vistas maravillosas, y la casa redonda de Tarzán, con su exótica terraza de dientes de fauces de cocodrilo es, sin duda, una de las emocionantes historias y presencias del Acapulco de toda la vida.

En la famosa Quebrada de Acapulco, en el viejo Hotel del Faro, que hoy ya no funciona como tal pero que, sin embargo, se puede visitar con la anuencia de los vigilantes, también ostenta vestigios memorables. Algunas de las habitaciones tienen en sus paredes espectaculares fotos murales de Lola Álvarez Bravo. Ella y su también famoso esposo Don Manuel Álvarez Bravo pernoctaban aquí, y participaban en las noches bohemias interminables de intelectuales, artistas y actores que escogieron Acapulco, en los años cincuentas y sesentas del siglo pasado, como su lugar esparcimiento e inspiración. Desde los balcones del Faro, podrás regodearte con los imponentes panoramas de acantilados, y por supuesto, con los clavadistas de la Quebrada, y tendrás contigo la presencia de los fotógrafos más reconocidos e importantes de nuestro país.

Y en el célebre Hotel Fairmont Acapulco Princess también hay historias inolvidables. El magnate, productor y director de cine, aviador y visionario Howard Huges pasó aquí los últimos años de su vida. Fue el hombre más rico de su época y el primero en tener más de mil millones de dólares, reconocido por sus importantes innovaciones en el diseño de aeronaves, por sus hazañas aéreas y varios records de velocidad, por ser dueño de su propia línea aérea, productor de películas icónicas de su época y, en suma, un personaje inolvidable de su tiempo. Sus trastornos obsesivo-compulsivos lo persiguieron toda su vida. A finales de los años cincuentas del siglo pasado, pasó de ser el hombre más visto y conocido de los E.U.,  a la reclusión y al olvido. Desapareció de la vida pública y, después de una prolongada estancia en Nicaragua, llegó a Acapulco a mediados de los años setentas para recluirse definitivamente. No tuvo contacto con nadie y su salud se deterioró al extremo de que tuvo que ser trasladado a Houston, falleciendo en el trayecto. Las historias de su reclusión en el Acapulco Princess guardan pasajes inauditos, como su decisión de no volver a tocar a nadie, por su manía de contraer gérmenes. Incluso llegó al extremo de no tocar ningún objeto sin tener un pañuelo en su mano.

En fin, Acapulco te espera con sus portentos naturales y sus historias de presencias legendarias. Busca paquetes vacacionales atractivos con tu agencia de viajes, y date la oportunidad de redescubrir Acapulco con sus bellezas y sus secretos mejor guardados. Y, sobre todo, que tengas un muy buen viaje.