Las Playas de Río de Janeiro en Brasil

Las playas de Río de Janeiro no son sólo un accidente geográfico. Son las venas por donde corre la vida en esta ciudad, el lugar donde los cariocas se dan cita, se enamoran, conversan, cierran un negocio, estudian y practican deportes. A la vuelta del trabajo o a la ida al colegio, todos pasan por la playa, si el día invita.

Río cuenta con casi 50 kilómetros de playas. Además de Copacabana, Ipanema y Leblon, las tres más famosas, están Saõ Conrado, ubicada a continuación de Leblon, donde aterrizan quienes se tiran en parapente desde el cerro del mismo nombre. Más allá, se encuentran las playas de Barra, Reserva y Recreio, dentro de los 18 kilómetros de Barra da Tijuca. A continuación de otro cerro, están las últimas dos, Prainha, elegida por los amantes del surf, y Grumarí, un área protegida.

Existen veintisiete “postos” desde Flamengo en pleno centro, al final de Barra de Tijuca, remodelados hace unos años para que sean más amables con el medio ambiente. Las paredes  han sido reemplazadas por paneles de blindex que dejan ver el mar, el agua de las duchas se recicla para los sanitarios y utilizan energía de paneles solares. Además del guardavidas y sanitarios y duchas, cuentan con vestuarios, lockers, WiFi gratuito, mapas interactivos, indicadores de radiación UV y un sistema para ubicar a niños perdidos. Con este mismo estilo, se añadieron 309 bares situados a lo largo de los 34 kilómetros de playas y sigue vigente la prohibición de cualquier tipo de publicidad en las playas.

Los 4,5 kilómetros de Copacabana y los 4 de Ipanema y Leblon cuentan con doce “postos” que identifican clubes secretos. El 8, por ejemplo, en Ipanema es el enclave gay, al 9 van los jóvenes cool, al 10, las familias y un poco más allá, los cultores del fitness. A lo largo de la avenida costanera, hay una senda exclusiva para bicicletas y rollers que se suma a la vereda. Los fines de semana se prohíbe la circulación de tránsito y las avenidas se vuelven peatonales.

El fútbol en Brasil, cinco veces campeón mundial, es una necesidad biológica. Por donde se mire, en las playas siempre habrá hasta seis pelotas en el aire al mismo tiempo, signo de que varios hombres están en círculo jugando “altinho”, un juego que consiste en mantener la pelota en el aire. También juegan futvoley, en el que las manos están prohibidas y hay que lograr que la pelota cruce la red tocándola con el pecho o los pies, y voleibol.

A la playa no hace falta más que llevar el protector solar y unos pocos pesos para alquilarse una silla y una sombrilla, y comer y beber algo: sandwiches, frutas frescas, jugos naturales, agua de coco verde y cerveza.

Si bien los turistas suelen elegir Copacabana, todas las playas de Río tienen su encanto y merecen una visita.