¿Dónde ir de vacaciones? París es la respuesta

Cuando te encuentres en la disyuntiva de ¿dónde ir de vacaciones? París es la repuesta, no tengas la menor duda. La Ciudad de la Luz es el corazón latente de la Europa de todos los tiempos, inspiración y musa de pensadores, artistas y enamorados. Sus callejones de plazoletas y fuentes emanan susurros y olores de tiempos medievales, sus monumentos y edificios emblemáticos relucen con fulgores excéntricos de elegancia aristocrática, sus plazas y jardines presumen la distinción de sus trazas delicadas y sofisticadas de flores y esculturas, sus puentes históricos del Río Sena (señoriales y distinguidos) parecen discurrir sobre sus gestas heroicas, sus barrios de postín alardean sus preclaros y distinguidos orígenes y los barrios populares emanan tradiciones y sensaciones de sabores y colores, sus terrazas y restaurantes revelan sus secretos culinarios y los comensales miran pasar despreocupados a los paseantes en algo que se vuelve un pasatiempo nacional, sus óperas y teatros de fachadas exuberantes bullen de público, sus museos de opulentas colecciones son el profuso legado de arte de París al mundo, y por las calles y amplias avenidas los caminantes se enorgullecen de ser ciudadanos de esta ínsula de sofisticadas formas y de refinadas costumbres.

París es un museo al aire libre: puedes caminar despreocupadamente por cualquier zona del centro de la ciudad e irás encontrándote con algo imponente e interesante y, conforme vayas avanzando, el impacto será cada vez más intenso. Súbitamente tropezarás con un viejo edificio que alberga la obra de Eugéne Delacroix, autor (por mencionar lo más conocido) de La Libertad Guiando al Pueblo, de 1830, máximo símbolo pictórico de la Revolución Francesa. Más adelante, sin si quiera proponértelo, toparás con otro viejo edificio: el estudio de Auguste Rodín, creador sin parangón del arte universal. Podrás descubrir sus dibujos, pinturas y, sobre todo, esculturas. Después, en tu caminar distraído, chocarás de frente con el Museo Marmottan de Monet, es decir, del Maestro Claude Monet, iniciador, junto con otros pintores distinguidos, del impresionismo. Así, sucesivamente, tu caminar adquirirá un sentido cautivador. De cualquier manera, en algún momento tendrás que “sentar cabeza”, tomar tu mapa de la ciudad y dirigirte a los lugares más emblemáticos y de visita obligada. Si de museos se trata, no podrás dejar de visitar el Louvre y el Museo de Orsay con la colección más importante de impresionistas en el mundo, pero eso sólo será el principio: tendrás que dirigirte a la Catedral de Notre Dame y, desde arriba del edificio, al lado de una de sus gárgolas, disfrutar de la impresionante vista de la ciudad. Después, seguirás teniendo pendientes la Avenida de los Campos Elíseos, con sus fastuosos edificios y camellones, el Arco del Triunfo, un poderoso emblema de la ciudad, y el ex-hospital de los Inválidos, el Panteón con la tumba de Napoleón, la opulenta Ópera de Garnier, el Arco de la Defensa (símbolo del París moderno y del Centro Financiero), la Plaza de la Bastille (ahora con la nueva Ópera de Bastille), y la Iglesia del Sagrado Corazón, en el mítico barrio de Montmartre, que pintores y bohemios han hecho suyo.

Necesitarás más días de viaje para conocer también el Museo de Arte Contemporáneo Georges Pompidu, el Palacio de Tokio (con sus colecciones de arte), el Barrio de Les Halles (con sus esplendidas iglesias y hoy con sus modernos centros comerciales) y claro, el Barrio del Trocadéro y el bohemio Barrio de Montparnasse, el  maravilloso Jardín de Tuileries, el Grand Palais (con sus excelentes exposiciones) y el Cementerio Pére Lachaise, con sus ilustres “huéspedes” y excelsas esculturas. Obligatoria resulta también la visita a las Catacumbas de la ciudad, con espléndidas esculturas y poemas anónimos. Y quizá, al final, cuando decidas subir al piso más alto de la Torre Eiffel, descubras desde allí todo lo que te falta por conocer: París es interminable.

No dejes de regalarte un paseo nocturno en el Bateau Mouche por el Río Sena: es la mejor manera de conocer los fabulosos puentes y edificios a orillas del río. Si te queda tiempo, no te arrepentirás de conocer el Castillo de Versailles, muy cerca de la ciudad. Por supuesto que hablar de gastronomía en Francia y, sobre todo, en París, es todo un universo. La podrás ir descubriendo en lugares como La Petite Maison de Nicole, Le Poulpry, el Maxim´s y, si quieres sentirte en un ambiente muy francés, no dejes de ir al Lapin Agile, que es un cabaret con canciones tradicionales francesas, humor muy local e incluso poesía, y, al mismo tiempo, es un restaurante bar con platillos regionales excelentes. El lugar es una extraordinaria experiencia para conocer un poco de la Francia profunda: aquí venían, en su momento, gente como Picasso, Monet, Renoir y, en general, toda la intelectualidad parisina de la época.

Organízate cuanto antes, busca alojamientos en París y vuelos baratos a París, y regálate esta experiencia única. Será un recuerdo perenne en tu memoria que agradecerás, donde podrás asomarte al mundo francés que tanto tiene que ver con el “savoir vivre”.

Muy buen viaje.