Explora en tu interior, viajes místicos

Hay lugares para viajar y descubrir en ellos su gente, su riqueza gastronómica y la oferta cultural que inunda sus calles, pero hay otros destinos que ofrecen una conexión más profunda, una vinculación contigo mismo desde diferentes planos, como el espiritual o el psicológico, y por tanto se vuelven viajes místicos. En estos lugares el viaje se transforma en toda un experiencia que alguna vez en la vida vale la pena vivir.

Mezquitas

Conocer una mezquita no solo es enriquecedor por su atractivo arquitectónico, significa más. Adentrarse a estos recintos nos permite conocer un poco sobre la fe islámica, su arte de figuras simbólicas y de una combinación de colores que las vuelven alucinantes. Incluso, en estos lugares uno puede experimentar la paz de los recintos dedicados a la oración y la contemplación.

En las mezquitas la introspección hacia nuestro interior es inevitable, su estructura y la decoración que la acompaña, el olor que despiden estos recintos y la tranquilidad que ahí impera nos obligan a callar los pensamientos y las palabras para dedicarnos solo a experimentar esa sensación de bienestar y de tranquilidad que nos hace sentir un poco de paz. Una sensación que bien vale la pena vivir para conocer un poco de nosotros.

Las recomendaciones para conocer una mezquita serían interminables, pero se hace mención de aquellas que representan una experiencia mística por sus orígenes y lo que representan. Una de ellas es la Mezquita Mayor de Granada, España, que cuenta con un Centro de Estudios Islámicos, y que además proporciona asistencia a los necesitados y refugiados de esa región. La Mezquita de Palermo, Argentina, o Centro Cultural Islámico “Custodio de las Dos Sagradas Mezquitas Rey Fahd”, atiende los asuntos islámicos y la difusión de la cultura árabe en toda Latinoamérica.

Templos budistas

Otro referente de viajes místicos son los templos budistas, donde las enseñanzas de Shiddarta Gautama, mayormente conocido como Buda, están orientadas a la búsqueda del bienestar y la liberación de los deseos. Estas casas de oraciones se tornan sorprendentes por el nivel de espiritualidad que en ellas se percibe, y por ello resulta una gran experiencia conocerlos.

En la antigua capital de Birmania, Rangún, se encuentra la pagoda Shwedagon, cuya antigüedad es desconocida, aunque se dice que tiene más de 2500 años y que fue fundada por dos hermanos que conocieron a Buda. En este templo yacen algunas reliquias de este líder espiritual, como un trozo de tela y algunos de sus cabellos. Algunos visitantes relatan que al ingresar al templo se percibe mucha calma, tranquilidad y paz, emociones que nos permiten tener una conexión profunda con nosotros mismos.

Otro templo budista de gran recomendación es Taktshang, cuyo significado “Nido de Tigre” revela su origen e importancia. Enclavado en un acantilado del valle de Paro, en Bután, este templo representa una de las 8 cuevas donde meditó el gurú Padmasambhava. Los viajeros que han logrado encontrar este lugar señalan que la hazaña comienza desde la travesía por bosques y cascadas.

Al llegar al templo, al cual solo puedes acceder caminando o en mula, el olor a incienso y los rezos de los jóvenes y ancianos que vienen a orar causan en los visitantes paz interior y la percepción de un aura que cubre todo el recinto. Es cierto que la travesía suena complicada, pero todo lo bueno de la vida tiene un poco de riesgo, y este vale la pena vivirlo.

Xilitla

La Huasteca Potosina también forma parte de los viajes místicos que tienes que descubrir: Xilitla. En este lugar, lo místico destaca por todos lados, desde los paisajes inundados de verdor que resguardan cuevas que al amanecer se tiñen con niebla de las montañas, hasta el Jardín Surrealista de Edward James. Sí, un jardín surrealista que en cada rincón expresa lo inmaterial e inexplicable de la condición humana, representado en figuras caprichosas y formas inexplicables.

Este jardín surge por el deseo irrefrenable a las orquídeas de Edward James, poeta excéntrico que heredó una enorme fortuna de la realeza británica, al ser nieto del Rey de Inglaterra Eduardo VII. En un intento por crear un jardín en homenaje a estas bellas flores, su creador imaginó todas las piezas, que con ayuda de un carpintero de la huasteca crearon los moldes para realizarlas de concreto. Todo este proceso llegaba a tardar hasta tres meses.

Este jardín era la vida de Edward James convertida en obra, pues su idea era crear las figuras tal y  como se las fuera imaginando, sin ningún diseño ni plano, por lo que una vez que él muriera, su obra estaría terminada.

El toque de magia de este jardín se lo dio la naturaleza, pues entre las variadas obras, que incluyen elementos de la masonería y otros dedicados a algunos saberes religiosos, crecieron el musgo, plantas y flores que resaltan la belleza enigmática de este lugar. Recomendable para visitar, para conocer los procesos creativos que pueden surgir de la mente humana.