Viajes a Chichén Itzá, una de las Siete Maravillas del Mundo Moderno

Según la Secretaría de Turismo de México, los Viajes a Chichén Itzá fueron los que imperaron durante el 2013. En 2012, la antigua ciudad fue incluida como una de las Siete Maravillas del Mundo Moderno junto con el Taj Mahal, el Cristo Redentor de Río de Janeiro, la Gran Muralla China, Machu Picchu, el Colieseo romano y Petra, en Jordania, después de que más de cien millones de personas votaran por ellas en todo el mundo. Seguramente eso influyó para que la gran mayoría de los casi siete millones y medio de extranjeros que visitaron el país en 2013 quisieran recorrer la zona arqueológica ubicada a tan sólo dos horas de Cancún.

Visitar Chichén Itzá, que ya figuraba entre la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 1988, puede llevar sólo algunas horas,  pero el asombro de lo que conocerás allí, te durará toda la vida.

Chichén Itzá está ubicado a 115 kilómetros al este de la ciudad de Mérida, municipio de Tinum, en el estado de Yucatán, una zona caliente y húmeda, por lo que conviene ir ligero de ropa, con gorra, bloqueador solar, zapatos cómodos y botella de agua fresca. Se accede por la carretera número 180 hacia el poblado de Pisté, que se halla a dos kilómetros del centro arqueológico. También se puede llegar a través de la carretera de cuota Kantunil–Xcan.

Chichén Itzá, que en maya quiere decir “Boca del pozo”  (Chichén), e (Itzá) “de los brujos de agua”, es el vestigio más importante de la civilización maya. Fundada en el año 525 d.C, las edificaciones principales corresponden a la época de la declinación de su cultura. Se aprecian tres grandes conjuntos arquitectónicos: Pirámide de Kukulcán, llamado también “El Castillo”, el Templo de las Mil Columnas y el complejo correspondiente al Juego de Pelota.

En estos sitios cargados de historia, lo mejor es ir con un guía para que le de vida a esos monumentos. Los relatos de la vida maya junto a cada uno de sus monumentos y símbolos resultan apasionantes y uno casi puede ver y escuchar la vida de ese pueblo prehispánico.

El monumento más impactante es la Pirámide de Kukulcán, el dios serpiente emplumada, una pirámide de cuatro fachadas de 55.5 metros de base y 24 metros de altura que culmina en un templo. Cada lado de la pirámide tiene una escalinata de 91 escalones que, sumados al escalón que conduce al templo superior, da un total de 365 escalones, uno por día del año. Balaustradas de piedra flanquean cada escalera, y en la base de la escalinata norte se asientan dos colosales cabezas de serpientes emplumadas, efigies del dios Kukulcán. Con precisión astronómica, los mayas lograban que en cada equinoccio, por un efecto de sombras, la serpiente “bajara” a la tierra. Justamente en estas fechas, al inicio de la primavera y el otoño, son los días de más visitantes que llegan de todo el mundo a presenciar la ceremonia.

También se puede recorrer el Caracol, un majestuoso observatorio donde se cree que los mayas podían divisar el movimiento de los astros; el Patio de las Mil Columnas y el Templo de los Guerreros que se compone de varias columnas decoradas con relieves que representan a los guerreros con diferentes vestimentas. Es fácil escuchar los gritos de aliento de las tribunas al ver el Gran Juego de Pelota que posee un fenómeno acústico singular ya que dos personas se pueden comunicar claramente estando a una distancia de 160 metros aproximadamente. Allí, dos equipos de seis jugadores cada uno, debían embocar una pelota en un aro de piedra ubicado en lo alto de los paredones laterales. Los jugadores no podían usar las manos ni los pies, sólo codos, muslos y caderas. El capitán del equipo perdedor era sacrificado para reeditar lo que en realidad significaba el juego, el que sus reyes jugaban contra los dioses de la muerte.

Por último, la visita se completa con el Cenote Sagrado, una caverna de 60 metros de diámetro y paredes de 22 metros de altura, donde se depositaron ofrendas con objetos de cerámica y textiles.

De noche se celebran desde hace un tiempo, las Noches de Kukulkán, un espectáculo de luz y sonido donde se recrea la historia de la antigua ciudad y las majestuosas estructuras se ven pintadas de diferentes colores. Quienes asistan a este show, pueden dormir en alguno de los hoteles cercanos ubicados en la selva como Villa Chichén Itzá, a 10 minutos de la zona arqueológica, que cuenta con 45 amplias habitaciones o el Hotel Oka’an, de 22 habitaciones y una arquitectura de inspiración maya y rodeado de 500 hectáreas de selva, una alberca ozonificada en vez de clorada, dos lagos y senderos para caminata.

Chichén Itzá abre de martes a domingo, de 8 a 17 horas. La entrada cuesta 59 pesos, los menores de 13 años, estudiantes, maestros y personas de la tercera edad con credencial vigente, no pagan. Los domingos la entrada es libre para mexicanos y residentes. Quienes lleven una cámara de video deberán pagar 45 pesos adicionales, y la visita nocturna cuesta 197 pesos.