Viajes a Guadalajara Jalisco con arte y cultura

Todos los viajes a Guadalajara Jalisco, ¡Cielito Lindo!, donde el cielo es de un azul intenso y las nubes más blancas que nunca, te invitan a conocer la ciudad desde otros ojos, como los de Gerardo Murillo o los de Orozco, entre otros artistas tapatíos , y claro, desde su propia arquitectura, sin olvidar a su gente local, conócela.

Si bien en la década de 1950 la ciudad sufrió un cambio radical para convertirse en el polo industrial y centro comercial que es hoy –es la segunda ciudad más grande de México–, los edificios antiguos más importantes quedaron intactos, como pueden apreciarse en el centro histórico.

Allí están la Catedral, ícono de la ciudad, con sus torres gemelas en pico y su cúpula central, rodeada por plazas en sus cuatro flancos. El edificio adyacente es el Palacio de Gobierno, con una fachada barroca y un espectacular mural en la escalera principal pintado por José Clemente Orozco, uno de los más grandes pintores mexicanos del siglo XX. Al norte de la Catedral está la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres, un área verde con un monumento central circular con 17 columnas y estatuas que representan a los hijos de Jalisco que contribuyeron a las ciencias y artes. Detrás de la Catedral, la Plaza de la Liberación, evoca la abolición de la esclavitud y cruzando la plaza, el Teatro Degollado, de arquitectura neoclásica, es donde se presenta el Ballet Folclórico de Guadalajara. Detrás del teatro comienza la Plaza Tapatía que se extiende más de 800 metros hasta el Hospicio Cabañas, construido en 1805 y declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. En la capilla de este edificio hay unos magníficos murales orozquianos donde se destaca “El hombre de fuego”. Al salir de la capilla, se suceden veintitrés patios que terminan en el Mercado San Juan de Dios, uno de los más populares y grandes de América Latina.

Un paseo tradicional y relajado es recorrer el centro en calandria (carruaje) y admirar los edificios y el trazado urbano de la llamada Escuela Tapatía de Arquitectura impuesta por Luis Barragán, Pedro Castellanos Lembley, Rafael Urzúa e Ignacio Díaz Morales. Pídele al cochero que se detenga un buen rato delante de la Casa Iteso Clavigero, ubicada en la calle José Guadalupe Zuno, entre la avenida Chapultepec y Marsella, una de las mejores construcciones no sólo de Barragán, sino de toda Guadalajara. El paseo en calandria puede terminar en la Plaza de los Mariachis, el lugar para disfrutar de un buen tequila y dejarse llevar por la alegre música de los mariachis.

Dos visitas se imponen en las afueras de la ciudad: Tlaquepaque y la ribera de Chapala. Tlaquepaque está a 20 minutos del centro, parte de la Zona Metropolitana de Guadalajara. El andador Independencia es un imán para las compras: excelentes artesanías, arte colonial, arte sacro y restaurantes de alta cocina mexicana que rescatan antiguas recetas regionales, como Casa Fuerte. Y si no almuerzas en Casa Fuerte, la opción es hacerlo en el Parián de San Pedro, donde hay unas veinte cantinas tradicionales y donde de viernes a domingo se bailan danzas folclóricas.

A una hora del centro de Guadalajara, está la ribera de Chapala, el lago más grande de México. En el embarcadero puedes contratar un paseo en lancha para admirar una vez más el cielo doblemente azul y la hilera de casonas, la mayoría construidas por el arquitecto de Alba a principios del siglo XX, antiguas fincas de descanso de los tapatíos de clase alta. La Isla de los Alacranes extiende el paseo hasta el centro ceremonial de la cultura wixárika. En el camino de regreso, la carretera bordea gran parte del trayecto, que duplica en el agua las pocas nubes blancas que decoran el cielo de Jalisco.