Viaje por La Ruta del Tequila en Guadalajara

El viaje por La Ruta del Tequila en Guadalajara, parte de esta ciudad en un tren que va parando en las haciendas tequileras más destacadas de Jalisco. A bordo habrá música en vivo, bebidas a base de tequila y refresco. Luego la ruta propiamente dicha va enhebrando pequeños pueblos donde importantes fabricantes de tequila, entre ellas José Cuervo, ofrecen visitas guiadas y la oportunidad de probar la cocina mexicana junto con margaritas. Una alternativa interesante es dormir en algún hotel boutique y combinar la visita a destilerías con paseos ecoturísticos y de aventura.

Ha contribuido mucho al desarrollo de esta Ruta el hecho de que hayan nombrado a Tequila Pueblo Mágico y que la bebida esté protegida con una denominación de origen. Sólo puede llamarse tequila al destilado de agave azul que provenga de Jalisco y ciertas regiones de los estados de Guanajuato, Nayarit, Michoacán y Tamaulipas. También fue importante que el Paisaje Agavero y las Antiguas Instalaciones Industriales de Tequila, fueron los primeros bienes mexicanos incluidos en la categoría de Paisajes Culturales, de los Patrimonios de la UNESCO.

Basta admirar el paisaje desde el tren, a pie o en automóvil, para entender por qué la UNESCO le concedió esa calificación que sólo se da a los testimonios excepcionales de adaptación armoniosa y sustentable del uso del suelo en un medio natural, y de la aplicación de la fusión de la tradición prehispánica de fermentación del maguey con las técnicas de destilación europea.

En el recorrido por los municipios de El Arenal, Amatitán, Tequila, en el Valle de Tequila, Magdalena y Teuchitlán, las vastas extensiones de sembradíos de agaves azules, planta utilizada desde el siglo XVI para producir tequila y desde hace al menos 2000 años para producir bebidas fermentadas y confeccionar ropa gracias a sus fibras textiles le confiere a la región una identidad y características paisajísticas únicas.

Además de los campos de agaves, pueden visitarse destilerías, fábricas en actividad o abandonadas, tabernas y vestigios arqueológicos de la cultura de Teuchitlán de los años 200 a 900 a.C. La cultura del agave es parte de la identidad nacional mexicana y un ejemplo claro del mestizaje entre lo prehispánico y lo colonial.

Se llaman “jimadores” a quienes trabajan esta tierra privilegiada ubicada entre los valles de Tequila y Amatitán, llegando hasta Arenal, la zona de Guachimontones, y una zona de  amortiguamiento ubicada en el cañón de la barranca del Río Grande de Santiago.

Una ocasión ideal para visitar la región es la Feria Nacional del Tequila, del 30 de noviembre al 12 de diciembre, en Tequila.

La compra obligada de este viaje será tequila, pero existen distintas marcas y clasificaciones, incluso algunos tequilas apócrifos. Para una buena compra, el Consejo Regulador del Tequila recomienda comprar tequilas identificados con la contraseña oficial NOM, que consta de cuatro dígitos, número único e irrepetible para cada empresa productora de tequila; no compres un producto sin etiqueta que deberá ser siempre original y ostentar su marbete correspondiente de la SHCP. Recuerda también que el destilado de agave, aguardiente de agave, licor de agave u otros similares no son tequila.

El tequila es un excelente aperitivo. Si es blanco, se acostumbra acompañarlo con sal, limón y “sangrita”, un preparado con jugo de jitomate, limón, naranja, salsa tabasco y salsa inglesa. Si es reposado o añejo, el Consejo Regulador de Tequila recomienda servirlo en copas Riedel, a fin de liberar todos sus aromas y sabores. El caballito, es el pequeño vaso en el que se acostumbra servir el tequila. Su tamaño y medida nos recuerda los cuernos de toro que antaño se usaban en las fábricas de tequila para probar el licor recién salido del proceso de destilación.

Otra manera de beberlo es en cócteles entre los cuales destaca la margarita y el tequila sunrise.