Vuelos baratos a Europa destino Cinque Terre

Encontrar vuelos baratos a Europa te permitirá viajar a un paraíso escondido del Mar Mediterráneo.

Entre el territorio del norte de Italia y el mar, encontrarás una serie de poblados que han convivido con el mar y su propia existencia casi en soledad. Hasta hace poco tiempo, era un territorio de difícil acceso, pero hoy en día, podrás llegar de forma sencilla a un territorio que te permitirá realizar un viaje a un tiempo paralelo, y conocer uno a uno los pueblos que conforman esta esquina de Europa, conocida como Cinque Terre.

Para los italianos no es un secreto. Lo demuestran cada verano, cuando aprovechan sus pequeñas playas y caletas. Pero, para el resto del mundo, es una tierra nueva por descubrir. Cinque Terre (cinco tierras en italiano) es un territorio conformado por una quinteta de pueblos localizados a lo largo de 18 kilómetros de la costa de Liguria, al sur de Génova. Lo abrupto de las montañas, por un lado, y el mar, por el otro, ha ocasionado que, por mucho tiempo, haya sido complicado entrar en estas tierras, provocando que estos poblados hermanos tuvieran una vida propia, paralela al resto del ritmo imparable del resto de Italia y de toda Europa.

Hoy en día, se puede llegar con cierta facilidad. Puedes hacerlo en coche, pero una carretera que no cesa de crear curvas lo complica de manera poco cordial. Así que hay tres soluciones restantes: por barco, recomendable sólo en verano por cuestiones climáticas; a pie, para aquéllos de piernas y coraje resistente; o bien, en tren, el remedio más confortable y también el que le otorga una experiencia más clásica en el recorrido por Cinque Terre. El último sitio al que se puede llegar en coche es la ciudad de La Spezia –la frontera con el presente nuestro- y desde ahí, se toma el tren con rumbo a la costa. Es un recorrido al estilo Verne porque, en cuanto se dejan los territorios más conocidos, emergen los altos acantilados y las tranquilas aguas mediterráneas, al mismo tiempo que se manifiestan, con todo su esplendor, la arquitectura sencilla pero evocadora de cada uno de los pueblos, construida con el trabajo de gente de mar y de campo, en unas superficies que retan a la gravedad y al sentido común, asomadas de lleno al mar y a su propia historia.

El primer pueblo que encontrarás en el camino es Riommaggiore. Es el lugar donde comienzan los suspiros y los deseos por no volver al presente. Si llegas a horas tempranas, podrás observar a los pescadores preparando su salida al mar, o disfrutar aún del pueblo adormilado, con todas las calles para ti solo. Este pueblo fue fundado por fugitivos griegos, en el Siglo VIII, y una vez conociéndolo, cualquiera se permitiría ser adoptado por los descendientes de esos griegos alejados de la ley.

Al siguiente pueblo, Manarola, podrás llegar en tren, o realizarlo de forma romántica, por la Via dellÁmore. Este camino del amor, de escasos quince minutos, está acompañado de decenas de grafitis con mensajes emanados desde el corazón y por cientos de candados de amor, emulando la novela de Federico Moccia.

Los romanos fundaron Manarola, el segundo pueblo dentro de la ruta propuesta, y poco más ha sucedido desde entonces. Por suerte. Es otra especie de pueblo naufrago para respirar paz y vivir su propia vida dentro de sus antiguos edificios, todos de cara al mar, aunque es el único de los cinco que no tiene un contacto directo con él, ya que hay un alto acantilado de por medio.

Si cuentas con pulmones fuertes y con ánimos de conocer los viñedos de la zona, entonces sube al monte, con rumbo al destino siguiente, Corniglia. Es el más pequeño de todos, y quizás el menos visitado, pero cuenta con unas estampas del mediterráneo únicas, justo cuando el mar toca el acantilado sobre el cuál se erigió el poblado, en otro momento de arquitectura imposible. Aunque también está la opción del tren, siempre viajando con vistas al mar.

El cuarto pueblo de esta ruta es el más consentido y tal vez el más bello de todos. Se llama Vernazza y fue formado hace mil años por esclavos romanos abandonados por sus dueños, conocidos como libertos. Si llegas a él por medio de tren,una vez bajando en la estación, habrá que atravesarlo casi en su totalidad, por medio de la calle principal. Una serie de negocios con pizzerías genuinas, panaderías y pescaderías, discurren a lo largo de toda esa vía, acompañando al visitante hasta su llegada al mar. Ahí aguarda una verdadera postal mediterránea, compuesta por una breve playa, una iglesia construida justo en la orilla y muchas pequeñas embarcaciones descansando en el pequeño puerto del pueblo. En los alrededores de toda esta imagen hay algunos cafés con terrazas, con la idea de hacer el momento aún mas privilegiado.

Y aquí, aunque la condición física no esté dentro del equipaje, es recomendable caminar a pie un pequeño tramo de la ruta que une a Vernazza con el último poblado de Cinque Terre: Monterosso Al Mare. Si se completa el camino, mejor. La recompensa por subir a la montaña es la vista de toda la costa, y al propio Vernazza, y vivir desde su mismo corazón, el interior del Parque Nacional, entre viñedos y huertos, el sustento vital de esta región en más de mil años. No por nada la UNESCO incluyó Cinque Terre en su listado de Patrimonio de la Humanidad. Eso sí, el desorden es parte vital de los italianos, así que es normal encontrarse con una taquilla a media montaña cobrando el acceso al parque.

Monterrosso al Mare es la que tiene hábitos más turísticos. También se puede llegar en coche, y cuenta con las playas más extensas, si se le compara con sus hermanos, y además, es quizás la más joven, creada en tiempos medievales, allá por el año 1217.

Visita estos pueblos con orígenes de tiempos griegos, romanos o medievales, inmersos en una orilla desconocida de Europa, dándole la espalda a la historia del resto del continente, mientras conviven con la montaña y el mar, nutriéndose de los regalos de su región: el vino, la oliva y los frutos del mar. Hoy, estos pueblos se abren al resto del mundo, no como una zona-museo, sino como verdaderos pueblos vitales que saben vivir los dos presentes que se están encontrando. Es difícil que exista algún pretexto para no ir aquí.